“CADA UNO TIENE QUE BUSCAR SU PROPIA VOZ” – CHUCHO VALDÉS

Por Marilina Vergara Polo
Fotografías: Panamá Jazz Festival

Cuando llamamos por teléfono a Chucho Valdés para entrevistarlo, notamos que estaba haciendo lo que se esperaba: tocando el piano. Una señora respondió la llamada y mientras nos pasaba con el artista, se escuchaba de fondo una ejecución que, aunque posiblemente fuera un ensayo, tenía toda la calidad de un gran concierto. Las manos que tocaban ese piano eran las de Chucho Valdés, el pianista cubano que a sus 76 años no cesa con la música, todo lo contrario, está lleno de proyectos: Un 2018 que incluye presentaciones en Europa, Estados Unidos y mucho más.

Este ganador de seis premios Grammy y tres Grammy Latino vino al mundo bajo el nombre de Dionisio Jesús Valdés y la música ha sido su vida desde pequeño. Su formación musical incluye estudios formales e innumerables noches en los mejores escenarios de Cuba como pianista junto a su padre, Bebo Valdés, pero con Irakere, la agrupación que fundó en los años 70, marcó un antes y un después en el jazz afrocubano. Chucho fue el director, pianista, principal compositor y arreglista de Irakere durante más de 30 años, pero desde 2005, se ha centrado en su carrera personal, como pianista y dirigiendo pequeños ensambles.

Junto a los Afro-Cuban Messengers, un quinteto que comprende a una generación de jóvenes músicos cubanos, ha emprendido una búsqueda musical que trasciende estilos y tradiciones.

Su proyecto más reciente como líder de banda ha sido el disco Irakere 40, un tributo que dio lugar a su más reciente Grammy en 2017.

Ya desde Irakere se veía que usted siempre andaba en busca de sonidos nuevos, ¿cómo realiza esta investigación musical?

La primera búsqueda que hicimos fue sobre los ritmos, más bien eran experimentos de fusionar los ritmos afrocubanos, incluso usando instrumentos que hasta ese momento no se estaban utilizando, lo mismo la música de jazz latino y la música bailable. Entonces empezamos a recuperar una serie de instrumentos como los tambores yuka que eran casi desconocidos, los tambores batá, los tambores arará y empezamos a estudiar los toques originales y cómo modificarlos para incorporarlos en forma tímbrica, rítmica, dentro de la música que estábamos haciendo.
Ese fue el primer trabajo, el segundo fue ponerle un poco de electrónica a lo que era la música afrocubana. Empezamos a usar los sintetizadores, pedales para la guitarra, buscando mezclar esa rítmica afrocubana con un sonido más contemporáneo, más la sesión de metales y así fue como logramos un timbre y una sonoridad rítmica diferente. Así fue que nació una cosa que hoy le dicen la timba cubana.

¿Cree que esa incesante búsqueda de sonidos nuevos está relacionada con su formación musical? Empezando desde casa…

Pienso que desde niño – no de joven, sino de niño – estuve escuchando a mi padre, a las orquestas de mi padre que también fue un tremendo innovador. Mi papá fue el primero que utilizó los tambores batá a principios de la década del 50. Entonces yo siempre tuve los sueños de usar esos mismos, pero usar otros instrumentos de ritmo y siempre de estudiante tenía eso metido en la cabeza, era una cosa que yo quería lograr.

Su papá le decía “Oye a todo el mundo, pero búscate a ti mismo”, ¿Usted le transmite esta misma enseñanza a los músicos más jóvenes para que encuentren su propia voz?
A todos y sobre todo a mis hijos que son músicos también siempre les dije ‘ustedes por supuesto me van a escuchar a mí porque estoy en la casa, soy el padre y los ayudo en la forma musical, en clases y todo eso, pero cada uno tiene que buscar su propia voz. Siempre hay un punto de partida, pero a partir de ese punto de partida tienen que ir buscando su propia voz, poco a poco, eso no pasa en un solo día. Ahora los hijos míos, los más chiquitos, han hecho una banda donde ya está su propia voz y son ellos, no soy yo, y eso me llena de mucho orgullo.


Aunque viaja mucho y reside es en la Florida, usted no pierde contacto con Cuba…

Siempre estoy al tanto de los nuevos talentos, de los jóvenes que vienen con ideas nuevas, por supuesto, y eso me ayuda mucho, me alimento mucho, al mismo tiempo que ellos toman mucha experiencia también, es una retroalimentación. Y creo que hasta ahora me ha funcionado, escucharlos, aprender de ellos, a pesar de que son jóvenes, pero vienen con nuevas ideas, con un desarrollo diferente, entonces hacemos un intercambio de conocimiento, experiencia, juventud, nuevas ideas y a mí me ayuda muchísimo eso.

También conserva amistades en Cuba que le hablan de la música tradicional…
Sobre todo de la música afrocubana, de nuestras raíces, los conocedores de la lengua yoruba, de la lengua lucumí…Son gente que han dedicado toda su vida a este trabajo y lo conocen muy bien, saben muchas cosas de las cuales yo aprendo porque yo no me lo sé todo, entonces yo me reúno con ellos, hablamos, por ejemplo, de los tambores batá que en Nigeria son cuatro y a nosotros nos llegaron tres nada más, y qué tipo de toque usaba ese cuarto batá que nosotros no conocemos y que viene de la raíz, y cosas así, esa gente sabe mucho.

Por Irakere pasaron muchos músicos con los que usted trabajó y en sus distintas etapas y estilos la orquesta siempre gozó de mucho éxito, y siempre ha trabajado con diversos músicos, ¿cómo usted reconoce el talento?
Eso se sabe en seguida, yo tengo mi forma de trabajar. Los músicos tenemos virtudes y defectos, el perfecto todavía está por nacer. Yo los estudio individualmente y veo cuáles son sus facilidades y dónde tienen algo que desarrollar, entonces mi trabajo está basado dentro de lo musical, trabajar dentro de esas partes. Por ejemplo, si alguno tiene una deficiencia armónica por los acordes, le trabajo eso en ensayo, pero la música que le escribo en principio no está basada en eso, ya cuando dominan esa parte entonces eso forma parte de los arreglos. O sea, les desarrollo las partes débiles, como las tenemos todos, todos tenemos partes débiles, yo también. Yo los analizo bien, entonces empiezo a desarrollar eso en ensayos para pulir y ya cuando eso está listo se incorpora, pero siempre tienen que tener un nivel muy alto de preparación para entrar. En Irakere tenían que tener un nivel muy alto de preparación. Algunos no necesitaban nada de esto, algunos venían completísimos.

En el caso de Afro-Cuban Messengers, ¿cómo conformó esta agrupación?
Fue una selección de jóvenes, en mi opinión, los más talentosos de ese momento. Por supuesto, también tengo muchos amigos que me dicen ‘venga a oír a tal bajista que toca bien, a ver tú qué crees’, entonces yo voy y lo escucho y digo ‘ufff me conviene, le propongo trabajo, si quiere trabajar conmigo o no, y así voy nutriéndome poco a poco.

El disco Irakere 40 es un homenaje por los 40 años de Irakere, con esta producción obtuvo un Grammy, ¿cómo se gestó este proyecto?
Aunque realmente el grupo ya no existe, pero bueno, un grupo como ese que hizo tanto en mi opinión merecía que le hiciéramos un tributo. Fue interesante porque era un tributo con los músicos más jóvenes. Estos jóvenes ven e interpretan la música de aquellos fenomenales músicos y me resultó un experimento increíble, porque ellos conocían y habían estudiado esa música, pero desde el punto de vista más contemporáneo. Es como una canción que dice ‘es lo mismo, pero no es igual’.

Usted es uno de los pianistas que participa del documental Playing Lecuona, ¿cómo fue esta experiencia?

A Lecuona yo lo conocí, mi padre era amigo de Lecuona, mi padre trabajó con Lecuona, el orquestó las danzas, tocaron a dos pianos y Lecuona ha sido una de las glorias más grandes que ha tenido la música cubana. Al proponerme una idea como esta, en seguida dije que sí, que iba a hacer el trabajo pero que, respetando a Lecuona, iba a hacerlo desde mi punto de vista, yo no iba a tocar las danzas de Lecuona como ya están escritas y tocadas por millones de pianistas, yo iba a hacer mi propia versión. Acepté el trabajo con Gonzalo Rubalcaba y Michel Camilo que son dos monstruos. Me parece interesante y muy bonito el trabajo.

¿Qué grandes cambios ha experimentado la manera de hacer música? Por ejemplo, ¿le parece que las colaboraciones con otros músicos ahora se dan de manera más natural?
Sí, siempre hubo colaboraciones y ahora hay un poquito más, pienso que eso es bueno para todos porque en esos intercambios siempre uno aprende y deja algo que enseñar también, o sea nos retroalimentamos, y además la relación humana también, no solamente musical, es mucho mejor.

¿Cómo va su proyecto de componer obras afrocubanas para orquesta sinfónica en el que trabaja actualmente?
Ese proyecto ya lo tengo terminado, tengo todas las obras ya orquestadas. Además, algunas grabadas también. Pero ese proyecto es difícil, porque es un proyecto que lleva un presupuesto muy grande, una orquesta filarmónica de 65 músicos no es fácil de reunir, bueno, y es caro. La última vez que lo hice fue en Cuba, con un pianista chino que se llama Lang Lang, entonces tocamos las danzas de Lecuona con la orquesta sinfónica, el Concierto en si bemol de Tchaikovsky, obras mías y fue un concierto bellísimo en la Plaza de la Catedral, que estaba repleta. Es difícil, pero se va a dar, ya tengo proposiciones.

Hay un piano fabricado en Japón marca Chucho…
Yo tengo uno, hicieron ocho pianos en la primera tirada, me dieron uno. Es un piano que hay que perfeccionarlo, sinceramente, es un buen piano, pero hay que perfeccionarle algunos detalles, están empezando ahora en eso, pero no es malo, está bien, necesita algunos cambios, pero ellos están trabajando en eso.

¿Recuerda cómo conoció a Danilo Pérez?
¡Oh! Cuando yo conocí a Danilo, Danilo era casi un niño, en el Festival de Jazz en Martinica, él estaba tocando con Paquito D’Rivera y cuando yo lo escuché tocar me encantó su proyección y además con unos deseos de avanzar y una musicalidad increíble. Yo le dije ‘tú vas a llegar muy lejos, pero no pares, no pares, pero tú vas a llegar muy lejos porque tienes muchas condiciones y tienes un talento extraordinario’. Y mira, ya está demostrado, súper demostrado, Danilo para mí es uno de los mejores pianistas que existen.

El Panamá Jazz Festival cumple 15 años, ¿qué le parece este proyecto?
Me parece genial, a mí me encanta el festival, yo he estado dos veces anteriores. Me gusta mucho la organización, es increíble, la organización, la seriedad y además han ido las más grandes figuras del jazz mundial.

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